[recorte encontrado sin más instrucción que ésta]
Véngame un diastólico escozor, la necedad de ocultarme o de saberte a toda costa. Lléveme donde no sepa cuándo ni cómo terminé por aquí: el mito de las malas lenguas. Tráigame los ritmos que montamos desde antes y esa sensación de haber estado, de haberme ido o de haber venido desde lejos y recibir en cambio pasaje de vuelta, ingrata que canta como niño. Consérvese en lugar más fresco del que nos gustaba entretener las horas y entonces, muchacha de mármol, nos daremos cuenta de dónde quedamos dejando esperando al tiempo.
EDUARDO ARCOS SE SUBE AL TREN DEL TRANSCYBERIANO
Hace 4 años
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