En los tiempos donde sobre el arte parece que todo se ha dicho, que ya los colores significan y de eso se ha encargado la psicología o la costumbre; a nosotros ya nos da miedo decir que aquello no es aquello sino ésto otro en lo que, por simulación o sustitución espontánea de referentes, se nos ocurre pensar que el amarillo es violento y el rojo melancólico -por decir algo- sólo por poner un ejemplo, hacer que las cosas cambien nomás para sentir que de éste charco existe alguna salida a lo sumo estrecha.
Me entristece saber que quienes se suponen que se interesan en teorizar más allá de qué color les gusta por gustarles, o cuál es la proxima oportunidad para producir piezas vomitadas por el más patético honor de "ser artistas", esos que andan sueltos aplicandole al mundo las visiones superfluas que se comen con espinas por no saber que existe la manera de sacarlas del plato y comer basura nueva, esos que salen como salidos de un molde de las paredes más blancas que de costumbre y con las córneas amarradas a los discursos tembeleques de los olímpicamente -al decir de un amigo- mentes mediocres y patéticas de la facultad. Yo, que desde acá (y desde afuera) me atrevo a escribir éste, que no será un texto ameno ni mucho menos de alabanza necia, ni de aplauso mentiroso, ni de amigo ciego; sino que será una manera de aprovechar un espacio negado, un espacio vacío desenmarañado con uñas y rabia por encima de los buenos nombres de renombre o las mismas caras de siempre que cuelgan los mismos mamarrachos famosos que todo ricachón quiere tener en su pared. Que crea quien lo quiera, pero por mí y por muchos de nosotros, es tiempo del tiempo que desde hace tiempo leemos y nunca llega, es hora de creerse al menos la mentira propia y pensar que la ruptura desde lo más básico no es panfleto ni es utopía, ni es sólo gritar tanta porquería que llevamos dentro; ni es esperar a una exposición inesperada para decirlo: por lo menos es esperar un buen momento de reunión, y contarles que la cosa busca un nuevo aire, otra dirección y un desmarcarse de la hipocresía de siempre asentir con la cabeza y manchar la buena oportunidad de decirnos en la cara: "todo ésto es una completa mierda". Así, de la manera franca como casi nunca se ha dado en éstos espacios, así debería ser...
EDUARDO ARCOS SE SUBE AL TREN DEL TRANSCYBERIANO
Hace 4 años
2 comentarios:
La explotación periódica por saber que el asunto funciona mal y que así, menos que gracia, provoca molestia/enojo/ira/vomitación/decepción/pereza/ahuevazón/ira/ira. Yo no sé, pero creo que sí. De macho pelu'o.
"... Y un desmarcarse de la hipocresía de siempre asentir con la cabeza y manchar la buena oportunidad de decirnos en la cara: "todo ésto es una completa mierda". Así, de la manera franca como casi nunca se ha dado en éstos espacios, así debería ser..."
Leer al Esteban siempre me causa una especia de picapica, es que pucha que sí YA TOCA y ¡NOS TOCA!
Yo en tanto, me siento acompañada en el empuje, en los intentos de ruptura y gracias por eso. Por seguir escribiendo también.
Publicar un comentario